sábado, 1 de noviembre de 2014

El abrazo de la mirada 5. Samuel Vásquez. Fondo Editorial Ateneo Porfirio Barba Jacob, 2014. Premio Ensayo Ciudad de Medellín

En su 2a. etapa, provisional, publican y difunden 
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El abrazo de la mirada 5

Samuel Vásquez 

Premio Ensayo Ciudad de Medellín

Fondo Editorial Ateneo Porfirio Barba Jacob, 2014
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SOLAPA de la CARÁTULA

SAMUEL  VÁSQUEZ

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Samuel Vásquez 
- Ideó y organizó con Leonel Estrada la exposición, patrocinada por Coltejer, Arte Nuevo para Medellín (1967), primera exposición en la ciudad que reunió a artistas plásticos que hacían arte contemporáneo en Medellín, Justo Arosemena, Aníbal Gil,  María Elena Vélez, Aníbal Vallejo, Jaime Rendón, Leonel Estrada y Samuel Vásquez. La presentación la hizo el arquitec­to y diseñador Dicken Castro, quien viajó desde Bogotá para esa ocasión. De esta exposición surgió la idea de crear una Bienal de Arte en la ciudad, con el mismo patrocinador y los mismos organizadores: Coltejer, Leonel Estrada y  Samuel Vásquez.
 
-     Cofundador y Coordinador General de la Bienal de Arte de Medellín, y miembro de su Junta Asesora, con Rodrigo Uribe Echavarría, Jorge Molina Moreno, Francisco Pérez Gil y  Leonel Estrada. (1968-1971)

-    Curador -con Leonel Estrada- de los artistas extranjeros participantes en la Bienal de Arte de Medellín: Estableció la invitación directa a cada participante (firmada por los dos curado­res), sin intervención alguna de organismos estatales (primera bienal en el mundo en suprimir las representaciones nacionales oficiales), y evitando la influencia de las galerías comerciales.

- La Bienal propició la inédita oportunidad de acercar la obra de importantes artistas nacionales y extranjeros a una enorme cantidad de público (204.577 visitantes certificados, conta­dos con registradora, en una ciudad que no alcanzaba el millón de habitantes), y nuestros artistas tuvieron la ocasión de conocer en presencia la obra de creadores de otros países  cumpliendo tanto una labor de información como de formación para los jóvenes artistas. Por la memoria que generó en la ciudad y la huella que imprimió en los artistas, la Bienal es el evento revolucionario y fundacional en las artes visuales nuestras. La programación de cursos, conferencias y mesas redondas con activa participación del público, hicieron de la Bienal un evento a la vez discursivo y expositivo, precursor absoluto en Latinoamérica.

-     Diseñó el montaje de la Bienal de Arte de Medellin, no sectorizado por países sino de acuerdo con el tipo de propuestas y compatibilidades estéticas (por vez primera en este tipo de exposiciones), y contrató a Carlos Rojas para realizar el montaje bajo dichos parámetros.

-     Ideó, dirigió y diseñó el Catálogo de la II Bienal, documento pionero en América Latina, (cuando aún no se había intentado ninguna Historia del arte latinoamericano). Este catálogo ha sido reconocido por críticos e historiadores como Marta Traba o Damián Bayón como  fuente indispensable de consulta para quienes estudien el arte de este continente.

-             Comisario de la Bienal de Pintura de Montevideo (1971), envió a algunos artistas colombia­nos como Luis Caballero (ganador del premio de pintura), Bernardo Salcedo y Alvaro Barrios. Programó seminarios sobre Arte Contemporáneo con teóricos corno Marta Traba, Jorge Glusberg, Juan Calzadilla, Giulio Carlo Árgan y otros  (1970). Ha sido curador de exposi­ciones de artistas como Édgar Negret, Yutaka Toyota, Brassäi, Sergio de Camargo, Fernando de Szyszio, Rodolfo Abularach, Lygia Clark, Marcelo Bonevardi, Luis Caballero, Carlos Rojas, Antonio Samudio, Bernardo Salcedo, Juan Antonio Roda, Leonel Góngora, Santiago Cárde­nas, Germán Londoño, y otros importantes artistas latinoamericanos.

-    Participó, fuera de concurso, en el III Salón Regional de Artes Visuales (1980), con la obra «TÉCNICA MIXTA», primer performance realizado en Colombia, invitado a la IV Bienal de Arte de Medellin (1981), con la obra «HAGA USTED MISMO LA HISTORIA», que el subdirec­tor de la Bienal, Óscar Mejía, no permitió presentar porque consideró que la obra era un sabotaje a la Bienal misma. Invitado a inaugurar el Museo de Arte Moderno de Cartagena (1979) con la obra “Los Hampones”, y el Museo de Arte de Moderno de Medellín con pintura, no aceptando participar en esta última. Incluido en la exposición Cincuenta años de Pintura y Escultura en Antioquia (1994), Museo de Arte Moderno de Medellín. Miembro del Consejo Académico del Encuentro Internacional de Medellín, MDE 07, y curador de la exposición BIENALES DE MEDELLÍN-memorias (2007), realizado en el Museo de Antioquia.


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FRAGMENTO del LIBRO: 


crisis Crítica




En esta convención cartográfica que llamamos Colombia, la actividad crítica siempre ha sido anatemizada, y el conflicto, objeto de crítica, se transfiere al sujeto que lo señala. Así, en acomodada simplificación que mece nuestra infatigable siesta histórica, el conflicto no les parece otra cosa que la proyección de la mente de un ser conflictivo. En lugar de observar atenta y críticamente lo señalado, miran con desdén el dedo que señala: como han perdido toda fe en sí mismos (aunque lo nieguen) no pueden admitir la crítica; como han perdido toda razón vital (aunque lo disimulen emborrachándose) no hay espacio para la alegría.

Del «fracaso de las ideologías» y el «fin de la historia» chupan el sustento para su astuta convocatoria a una boba unanimidad de salvación nacional. Con las mismas manos que aplauden el desuso de las ideologías, más fuertemente se aferran a la suya, refractaria no sólo a todo lo nuevo sino a todo lo otro.

Para desactivar toda acción libre comunitaria o personal, pretenden querer informarnos, de manera perentoria, que la responsabilidad ética y social del ser humano sobre su propio destino, sobre su vida privada y colectiva ha quedado en suspenso definitivamente. Que la transformación de la realidad que nos han legado es sólo una astuta falacia de algunos listos, que la creación de imaginarios y de mundos propios es un embeleco para embaucar incautos. Que el «fin de las utopías» ya se dio. Que todo ya está decidido, que la historia está dada y no puede ser intervenida. Que toda cosa, proyecto o producto que no esté mediado por el mercado es apenas una fantasía inoperante, vacía de realismo. Que la creación en nuestras manos es mera ilusión, que nos queda la única posibilidad de ser espectadores. Que las ideas son meros placebos, que cualquier disidencia es un analgésico. Que un pensamiento no catalogado por ellos es pornográfico, que la práctica social o política contestataria es un delito, que el único lugar para los artistas y los intelectuales es el desencanto instruido. Que el arte y la poesía son apenas consoladores para la autocomplacencia. (Pero nosotros no podemos dejar de pensar en María Zambrano cuando nos dice que “la utopía es la belleza irrenunciable”).

Nos recuerda Jean-François Chevrier:

“Foucault dijo que los métodos de exclusión siempre van acompañados de un ideal. Habermas hace una distinción entre el ideal en el ámbito público burgués y la ideología burguesa al afirmar que el ideal conlleva una promesa de transformación social, de superación de la ideología. Foucault rechaza rotundamente esa distinción, lo que no quiere decir que practique una crítica radical por sistema, por ejemplo una crítica de las producciones imaginarias. Más que sospecha sistemática, Foucault tiene confianza en lo imaginario. Los espacios de exclusión son también espacios imaginarios, como el barco de los locos de Historia de la locura en la época clásica. Los espacios de libertad son también espacios de confinamiento, y viceversa. Foucault expresa esta ambigüedad. Aunque el poder produce sujetos, el sujeto que está dentro de las estructuras de poder sigue siendo capaz de crear una subjetividad alternativa. Recordemos su obra de 1967, donde contrasta la utopía con la heterotopía: el «otro espacio». Me da la impresión de que Broodthaers coincide plenamente con la noción de Foucault de la heterotopía como alternativa a la utopía. La utopía es la idea de que se puede inventar un sistema radicalmente diferente. Las heterotopías son espacios ambiguos, donde el poder excluye pero donde también se produce lo imaginario. Son lo que Foucault llama ‘enclaves de imaginación’.”

Hay que resistir contra los taimados discursos seudo-históricos que anuncian el fin de la historia, el fin de las ideologías, que sólo favorecen la permanencia de su propia ideología que se aferra cada vez con más fuerza al poder a través del unanimismo del pensamiento único de derecha instruida.

Lo que nos pasa es previsible por ser el resultado lógico de las tendencias dominantes de la “inteligencia”, del orden único del mercado y de la política globalizada. 
Hay que rebelarse contra el pensamiento indiferente y estéril, que con una pretendida neutralidad cohonesta su insensibilidad comunitaria y social, y poco le importa la circunstancia real de sus vecinos y de su ciudad, y arrebatar de sus manos la predeterminación de nuestro destino que siempre podrá ser posibilidad, oportunidad, tiempo indecidido. Hay que promover la insumisión y desterrar la apatía y el inmovilismo.

Hay que subvertir la lógica de las instituciones y la programación de sus espectáculos insignificantes –elitistas o populacheros-, y delatar la servidumbre cómplice de los medios de comunicación.

Hay que contestar, delatar y frenar el desmantelamiento cultural y artístico promovido por las instituciones públicas, obedecidas y auspiciadas por el capital privado. Hay que contestar el desmantelamiento artístico promovido por las instituciones privadas auspiciadas por el Estado.

La soberanía no empieza en San Andrés, la soberanía debe empezar en cada individuo, que es a quien le ha sido arrebatada por el pensamiento unanimista del statu quo y por la lógica monolítica de la globalización.

La toma de consciencia no es un hecho dado, ya realizado y cerrado. La toma de consciencia se construye cada día ante cada circunstancia que se presenta.

Los reencauchados teóricos criollos se sienten muy cómodos en su posmodernidad, porque al fin terminó esa angustiante exigencia modernista de originalidad, de riesgo, de audacia, de avanzar con alegría en lo desconocido. En su odio a las vanguardias olvidan que una vanguardia que triunfa es como una teoría científica que se comprueba: permite actuar sobre lo real  hasta hacerlo parte de la realidad misma. En su odio a lo nuevo olvidan que tradición traición  provienen de una misma raíz latina.

La fuerza de los pensadores del siglo antepasado y de principios del pasado, radicaba en su amor irreductible hacia el espacio que respiraban, y en su capacidad para la ironía ante su precario e inestable presente personal. Conocían el pasado a cabalidad y lo comprendían con sabiduría, y tenían una maravillosa capacidad para predecir el futuro, pero su presente personal era apenas una tragicomedia. La contradicción entre su entusiasmo desbordado por las amplias posibilidades que ofrecía la vida moderna y su humor ante la propia insegura circunstancia existencial, fue la generadora de su fuerte visión crítica y de su dialéctica enriquecedora.

Hoy la crítica, la contradicción, la interrogación, son despreciadas y consideradas rasgos inequívocos de inseguridad y debilidad. Por eso se añoran los gobiernos fuertes: se anhela el padre responsable que responda por nosotros a preguntas que no queremos siquiera conocer, porque nos negamos a acceder a una edad adulta, es decir, creativa.

Hoy el peligro (propiedad exclusiva del presente) se disimula, se oculta, se disfraza, porque de otra manera se estaría obligado a plantear preguntas y a dar respuestas. Nietzsche dice que el peligro «es la madre de la moral», pero ahora la moral es esa «debilidad del cerebro» de que hablara el poeta.


La crítica de Arte como contrapunto

La obra de arte no impone un monólogo soberano sino que plantea un diálogo invencible, como dice Malraux. Y debiera ser el crítico, en representación del público, su autorizado interlocutor. Es él quien debiera rescatar para el espectador su derecho a la pregunta. Debiera ser él quien restaurase la dignidad del espectador de la humillación a la que ha sido sometido por el Poder Cultural. (Poder sutil pero tiránico). Es obligación indeclinable del crítico estar en el exacto momento de la imagen, de la vida y del presente histórico.

Contra la visión arqueológica donde la acumulación de tiempo otorga valor a las cosas sin distinguir objeto de obra, viejo de antiguo, manufactura de estilo, y sin la visión histórica donde la coherencia espacial, temporal y social asignan un punto de vista obligado, una forzada perspectiva que encajona la obra de arte, el verdadero crítico (sin tiempo y sin distancia) está obligado a poseer el don de la iluminación instantánea que le confiere el milagro. Debe ser él, como instrumento sensibilizado, el ser dotado para revelar las, a veces arcanas, señales de la obra.

Pero en nuestro medio el crítico hace parte del Sistema, hace parte del Poder Cultural: estafa intelectualmente al espectador y chantajea al artista. Como «espectador de profesión» que es, padece el deber de leer todo, de mirar todo, de juzgar todo, perdiendo la libertad y la alegría de leer y de mirar del espectador común que es aleatoria y se fundamenta en el placer, en el goce. En su exhibicionismo intelectual de entendido ha castrado lo más maravilloso que es dado al espectador de arte: su orgullo de cámara.

Mark Rothko dice, «Odio y desconfío de todos los historiadores del arte, de los expertos y de los críticos. Son un puñado de parásitos que se alimentan del cuerpo del arte. Su trabajo no es solamente inútil, confunde. No dicen nada que merezca la pena escuchar ni sobre el arte ni sobre el artista, a no ser que sean cotilleos, que estoy de acuerdo que pueden llegar a ser interesantes»

 Su lenguaje es un ejercicio de Poder. Su discurso sólo conduce a un veredicto. No hay en sus palabras ni amor, ni dolor y mucho menos asombro. En su arrogante vanilocuencia olvida que la verdadera crítica pertenece al silencio del artista ante el papel, el lienzo, la pantalla en blanco.

Para Guilio Carlo Argan,
por su correspondencia con el muchacho que yo era

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***  18 DE NOVIEMBRE, 2014,  Medellín, 7:30 Pm
--- El abrazo de la mirada 5. Samuel Vásquez*  (Medellín). Presentación del libro ( Fondo Editorial Ateneo Porfirio Barba Jacob, http://corporacionateneodemedellin.com/ ) Premio Ensayo Ciudad de Medellín.  . * Poeta, dramaturgo, ensayista, curador de arte, músico y pintor. Lugar: Galería Julieta Álvarez. 312.71 30. // Hay que subvertir la lógica de las instituciones y la programación de sus espectáculos insignificantes –elitistas o populacheros-, y delatar la servidumbre cómplice de los medios de comunicación. / Hay que contestar, delatar y frenar el desmantelamiento cultural y artístico promovido por las instituciones públicas, obedecidas y auspiciadas por el capital privado. Hay que contestar el desmantelamiento artístico promovido por las instituciones privadas auspiciadas por el Estado. /// * http://www.otraparte.org/actividades/arte/abrazo-mirada-1.html , http://www.otraparte.org/actividades/arte/abrazo-mirada-3.html

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Samuel Vásquez. En Wikipedia

Samuel Vásquez. 
Conferencia: PINTURA Y ESCRITURA: ESPACIO FIGURAL Y ESPACIO TEXTUAL.
Julián Malatesta, Samuel Vásquez y Ómar Ortiz Forero


COLOQUIO ARTE Y LITERATURA
Auditorio Germán Colmenares, Universidad del Valle, Septiembre 15 de 2010, Cali Colombia

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En su 2a. etapa, provisional, publican y difunden 
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